martes, 24 de enero de 2012

EL NARCISO, FLOR CON LEYENDA

El narciso o narcissus es una flor bulbosa de la familia de las amarilidáceas, cuya floración se produce habitualmente en primavera. Con origen en la zona mediterránea y Asia, es una de las plantas ornamentales más cultivadas tanto en jardines como en macetas para interiores.

Con una altura cercana al medio metro, disponemos de múltiples variedades en diferentes colores. 

La mitología griega relaciona su nacimiento con Narciso, un joven de extraordinaria belleza que, al verse reflejado en la superficie de un río, quedó enamorado de su propia imagen; murió ahogado tras lanzarse a las aguas. En ese mismo lugar, creció esta flor, con varios pétalos planos y la corola en forma de campana, que recibió su nombre. 
Cómo cultivarlo

Aunque es posible reproducirlo a partir de semillas, lo más habitual es la división de los bulbos, de los que crecerán ejemplares idénticos a la 'madre'. Éstos se plantan durante el otoño, para que sus raíces se fortalezcan antes de que lleguen las bajas temperaturas. Aunque crecen bien en diferentes tipos de suelo, es preferible un sustrato rico en nutrientes, bien drenado y situado al sol, aunque también muestran un buen desarrollo en la sombra parcial. Para que las heladas no lo dañen, es conveniente extender una capa protectora de mantillo en la superficie.


La profundidad de plantación adecuada depende tanto del tamaño como de los materiales que forman el terreno. Como norma general, será de dos veces el diámetro del bulbo. La separación entre ellos será de unos 10 cm, aunque también depende de su tamaño. Una proximidad excesiva provocará una menor densidad del follaje y de las flores.

Cuidados muy sencillos

 

Para que el narciso se mantenga en las mejores condiciones, conviene añadir fertilizante tras la floración. Requiere humedad constante, aunque al regarlo hemos de evitar los encharcamientos, que pueden hacer que el bulbo se pudra. Sus tallos son normalmente muy finos; para evitar que se doblen, es adecuado colocar cañas que les ayuden a mantenerse erguidos.

Para disfrutar del ejemplar el mayor tiempo posible, retiraremos las flores cuando empiecen a marchitarse, ya que consumen nutrientes muy necesarios. También eliminaremos las hojas que se van secando.

Finalmente, el follaje adquiere un tono amarillento. Sin embargo, al contrario que ocurre con otras bulbosas, conviene mantener los bulbos en la tierra hasta la próxima primavera, cuando disfrutaremos de una floración más intensa. También podemos retirarlos y almacenarlos. Para que no se estropeen, tras sacarlos del terreno, se dejan secar en un lugar a la sombra y aireado. Después, los guardaremos en un lugar fresco, seco y bien ventilado.

Narcisos muy sanos

 

Además de mantener unos cuidados adecuados, para garantizar su salud también hemos de prestar atención a las plagas y enfermedades. Entre las primeras encontramos la mosca del narciso, que ataca al bulbo, ácaros, que hacen que las hojas se pudran, o pulgones, que combatiremos con agua jabonosa o con un insecticida específico.

 

En cuanto a los hongos, destaca el fusarium, que hace que la base de la planta se pudra. En otras ocasiones se presenta el moho gris, que detectaremos por la presencia de manchas en las hojas, o la roya, que hace aparecer manchas amarillas en las hojas. Para acabar con los hongos se aplican fungicidas.

martes, 17 de enero de 2012

AZALEA, UNA PLANTA LLENA DE COLOR.

La azalea es una de las plantas preferidas para adornar una habitación. Aunque realmente es de exterior, si se mantiene hidratada y en un lugar fresco de la casa, se llenará de flores año tras año. 

Llegó de oriente y se ha adaptado perfectamente al clima español.

Su nombre botánico es Rhododendron indicum, y pertenece a la familia de las Ericáceas.

 

¿Cómo es?

 


Las flores son acampanadas, en ocasiones de gran tamaño y muy abundantes. Pueden ser naranjas, rojas, blancas o de tonos rosas. Florece en invierno o a principios de la primavera.
En cuanto al follaje, posee pequeñas hojas verdes, que en invierno se convierten en púrpura, brillantes y resistentes.
Sus tallos son leñosos. Si está en una maceta, puede alcanzar unos 50 cm, pero si se cultiva en el exterior puede alcanzar los 2 m de altura.

Claves para su cuidado

 

El riego es clave. Debes procurar mantenerla mojada; necesita mucho agua, sobre todo en verano, pero sin que se estanque. Ésta debe ser blanda, sin cal; la ideal es la de lluvia. 

Sitúala en lugares muy iluminados, pero sin que reciba luz directa. Si está en la calle, que sea un lugar fresco (semisombra).

Conviene que el suelo sea ácido, suelto, rico en humus y bien húmedo.


Sus males... y sus remedios

 

Puede afectarle el chinche de la piel, que aparece en lugares soleados y secos al final de primavera. Si está en un sitio caliente y seco, los ácaros. Los fungicidas funcionan, pero lo mejor es darle los cuidados adecuados.

La clorosis férrica también puede marchitarla (carencia de nutrientes en el sustrato) o el exceso de calor o carencia de agua. Para devolverle su vitalidad, haz lo siguiente:

Sumerge el tiesto en un recipiente de agua durante 20 minutos (hasta que dejen de salir burbujas a la superficie).

Sácalo y deja que se escurra. A continuación, envuélvelo en papel de periódico y manténlo así toda la noche.

Corta dos tercios de las ramas cuando haya florecido por completo y muestre un aspecto pobre.

Sitúalo en un lugar aireado y claro, y báñalo una vez por semana.

Consejo

 

La planta florece mejor si las raíces están apretadas, en una maceta pequeña.

Un detalle

 

Si tiene las hojas amarillentas significa que el agua con que se riega tiene un exceso de cal o falta de nutrientes.

Curiosidad

 

No estaría de más que utilizaras tiestos de barro, favorecen un mejor drenaje del agua.

martes, 10 de enero de 2012

EL CICLAMEN, FLOR DE INVIERNO

Si hay una planta propia de los meses fríos del año, ésa es el ciclamen. Pese a su fama de difícil cultivo, el hecho de traer un ambiente colorido al gris invierno hacen de esta bulbosa una flor perfecta para cualquier jardín. Cierto es que necesita unos cuidados especiales y diferentes al resto de las flores pero, con sus múltiples variedades y tamaños, puedes crear una buena combinación de flores para devolver al jardín el brillo típico de la primavera.
Podemos disfrutar de este género en estado natural en Europa, Asia y África, ya que es de ahí de donde procede. Sus diferentes tipos de especies se encuentran hoy repartidos por todo el mundo y en todo tipo de entornos.


Los cuidados que requiere

 

Dependiendo de la madurez y de los capullos que tenga en floración, algunos de sus cuidados serán diferentes. Aún así, para la mayoría de los ciclaminos, los pasos que te mostramos a continuación, constituyen factores muy beneficiosos que ayudan a su buena conservación y presencia:
Cuanto más grande sea el número de flores por debajo de las hojas, más abundante florecerá la planta.

Las corrientes de aire y los cambios de temperatura no los admite, al igual que un clima cálido, por eso, se recomienda no situarla en un ambiente mayor a 20º C. Prefieren sitos sombreados, frescos y húmedos.
 
No se aconseja colocarlos a la luz directa del sol, ya que este factor provocará que se marchite de forma más rápida.

Necesitan espacio para respirar, por lo que hay que colocarlos bastante separados del resto de las plantas.
Aunque requiera mucha agua, el exceso de humedad no le conviene. Se recomienda echar el agua en un platillo y dejar que la absorba durante 10 minutos. Evita regar el centro de la planta.

Con un par de riegos por semana es suficiente, aunque un buen modo de saber si hay que echarle agua es esperar a que la tierra se haya secado.

Abono y multiplicación

 

Este tipo de especies necesita un fertilizante líquido, que se añade al agua de riego cada 15 días, durante el crecimiento y cuando esté en flor. Pero si te supone mucha molestia, puedes optar por una forma más cómoda de hacerlo, mediante la inserción en la tierra de barritas fertilizantes, que tienen el mismo efecto.

 

Es preferible cultivarlas como planta anual, porque con el transcurso del tiempo la flor y la planta van degenerando y perdiendo calidad. En general, lo más común es comprar bulbos. Éstos darán lugar a las flores que adornarán el jardín o el interior de la casa durante el otoño y el invierno, exclusivamente como planta de temporada.

Para que este sistema tenga el resultado esperado, una vez que la flor se esté seca, se saca el tubérculo y se guarda en un lugar seco, oscuro y aireado para poder plantarlo en la próxima temporada. También puedes optar por sembrarlo en el jardín de tu casa, a la sombra, regándolo un poco para que no se seque, pero sin prestarle mucha atención.

En el mes de noviembre, vuélvelo a meter en casa o cultiva de nuevo los bulbos para así poder iniciar un nuevo periodo. Obviamente hemos de tener en cuenta el clima del que se disfruta, porque en muchos lugares no se seca por completo y permanecen siempre verdes, floreciendo tres veces al año. 

Si quieres que alarguen su proceso de floración, es preciso quitar las flores que estén marchitas, girándolas ligeramente. Utiliza un pincel suave para quitarle el polvo, procurando no pulverizarla, de lo contrario, le saldrán hongos. Si lo tienes en una maceta con mucha profundidad, has acertado, porque este tipo es el más conveniente para su crecimiento.

Su amplia variedad

 

El ciclamen, también llamado Violeta Persa, es un género de plantas bulbosas de la familia de las primuláceas. Tiene más de veinte variedades, pero su especie más difundida como planta interior es Cyclamen Persicum. Procedente de Asia Menor, esta planta se compone de vistosas flores rosas, blancas o rojas con forma acampanada; sus hojas son muy grandes y con forma redonda. Otra modalidad es el Ciclamen Cilicium, que se diferencia de otras plantas por el tono magenta que tiene en la parte interior y los ribetes plateados de los pétalos. Su forma es ovalada y no llega a medir 5 cm. Pero existen muchísimas más, aptas para todos los gustos. Aunque creas que no puedes sacar provecho de tu ciclamen, la combinación de sus múltiples variedades llenará de colorido tu hogar. Es sólo cuestión de paciencia y un poco de empeño.

domingo, 1 de enero de 2012

EL LENGUAJE DE LAS FLORES, UN MUNDO DE SENTIMIENTOS

Desde los tiempos más remotos, las flores nos hablan, nos cuentan la historia de una vida, y sobre todo, nos cuentan la historia de nuestra vida. Unas veces nos hablarán de la amistad y el amor; y otras de la muerte, el desamor o la soledad. Sólo hay que saber escucharlas y saber interpretarlas.

Las flores simbolizan la expresión anímica de la naturaleza humana. Dependiendo de la cultura, éstas pueden representar diferentes cualidades de las personas, según su especie botánica. Pero hay quien llega más lejos y afirma que "la flor nos conduce a la sensibilización del alma, a la sabiduría universal. Aquél que pierde la sensibilidad de asombrarse con la belleza de una flor, deja morir su alma". Por lo tanto, se podría decir que las flores son la representación más digna de la eterna juventud: un espíritu joven nunca deja de sorprenderse con la belleza de una flor.

Una flor, un sentimiento


Es una costumbre establecida regalar flores con la intención de mostrar sentimientos, unas veces positivos y otros negativos. Y lo mejor es saber cúal es el lenguaje de cada una de las flores para saber cúal será la mejor elección para cada ocasión. Porque no es lo mismo regalar un alelí que una anémona silvestre, la primera significa belleza duradera, mientras que esta última representa el hastío.

Se cree que el lenguaje de las flores comenzó en Constantinopla en el año 1600 y se introdujo en la cultura occidental en el año 1716, cuando María Wortley Montagu, que había vivido un tiempo en Turquía con su marido, llevó este lenguaje a Inglaterra.

No tardó mucho en despertarse el interés por el significado de las flores, y rápidamente esta pasión se propagó a Francia, donde se escribió precisamente un libro con el título Le Langage des Fleurs, que fue considerado bastante atrevido, ya que junto con las 800 muestras florales, algunas de las descripciones resultaron escandalosas y tuvieron que ser atenuadas en la traducción inglesa de la obra, dicen que por respeto a la reina.

La verdadera época de esplendor del lenguaje de las flores fue el Romanticismo, cuando se utilizaban para que los amantes se comunicaran, y que fue pasando de generación en generación como un delicioso secreto familiar. Pero su significado era tan extenso que traspasaba los límites simplemente amorosos.

Significados opuestos


Cada flor tiene un significado propio y expresa un sentimiento diferente. Así, por ejemplo, la acacia significa elegancia, el alelí encarnado belleza duradera, o la flor de cuclillo, ingenio. Otras flores tienen asociado un sentimiento relacionado con el amor: la acacia amarilla significa amor secreto; regalar un ramo de adelfa, representa la seducción; el alelí amarillo, fidelidad en la adversidad; y un tulipán rojo significa una declaración de amor.


Pero no todas las flores tienen asociado un sentimiento positivo. Muchas de ellas representan odio, o rencor, o incluso el deseo de muerte. Éste es el caso del aconito, que significa que "deseas mi muerte". La anémona significa abandono, y el crisantemo amarillo amor desdeñado. Pero incluso regalar una flor que se relaciona con un sentimiento positivo, puede representar lo contrario. Esto es así, si se ofrece una flor al revés, en este caso, su significado positivo se invierte, de modo que la flor ahora representa lo contrario. 

Otro modo de expresar los sentimientos es mediante la combinación y el arreglo de distintas flores. Un botón de rosa con un mirto significa "le confieso que quiero ser su amante". Rosas miniaturas con margaritas significa "sus cualidades sobrepasan sus encantos de belleza". La amistad también está representada por un geranio rojo escarlata con flor de la pasión y jacinto púrpura, que significa "confío en que usted encontrará la consolación en la fe y, en este su dolor, le aseguro que mi amistad es incondicional". No todas las combinaciones de flores representan un factor positivo. Así, rosas amarillas y hiedra significan "sus celos han roto nuestra amistad".

La rosa, el símbolo del amor

 

Las rosas son una de las flores preferidas por las mujeres. Pero no todas tienen el mismo significado. Y, si la mujer a la que va dirigido el ramo conoce el lenguaje de las flores, puede no ser tan bien recibido como uno esperaba. Si en un momento de crisis en la pareja se regala un precioso ramo de rosas amarillas, la ruptura está casi asegurada. Por bonitas que sean, significan debilitamiento del amor, celos e inseguridad. En esta situación, es mejor pecar de tacaño y regalar sólo una rosa blanca que simboliza la inocencia

Con las rosas rojas, no existe peligro de equivocación, siempre se acierta: expresan belleza. La rosa blanca y roja, mezcla de sentimientos. La rosa sin espinas, sin miedo. La rosa blanca, "soy digno de ti". Y la rosa de Navidad, "alivia mi ansiedad".