jueves, 21 de noviembre de 2013

PAPAVER RHOEAS


El ritmo de vida actual no nos permite dedicar todo el tiempo que quisiéramos a nuestro jardín. Por ello, si estás pensando en dar un toque de color a tu pequeña parcela verde y necesitas flores que no requieran grandes atenciones, no te preocupes, la amapola te ofrece una amplia variedad cromática a cambio de unos escasos cuidados. Un poco de sol y un riego moderado bastarán para que sobreviva durante todo el año.

La amapola, o Papaver Rhoeas, que tantas canciones populares ha inspirado, pertenece a la familia de las Papaveráceas. Se trata de una planta silvestre, originaria de Asia, Europa y África, que podemos adaptar a nuestros jardines sin ninguna dificultad. Muchos la consideran una mala hierba, pero en realidad, es una de las flores que más colorido aporta a los campos, sobre todo a las lindes de los caminos, donde crece a menudo. Una hilera de amapolas bordeando el pasillo de entrada a la casa es una de las opciones más recomendadas para lucir esta especie y llevar la naturaleza a tu hogar.

Linda amapola

Seguro que alguna vez has paseado por caminos rurales y has encontrado esta flor a tu alrededor. Recordarás que tiene un tallo largo y erecto con finos pelillos recubriéndolo. Algunos ejemplares llegan a alcanzar 1,5 m. de altura, lo que los hace visibles por encima de la maleza de los campos. Las hojas, que no poseen pecíolo, emergen alternas a lo largo del tallo. Poseen una única nervadura central y su forma lobulada y dentada es característica de esta especie.

Lo más llamativo son sus flores, compuestas por cuatro frágiles y delicados pétalos que forman una esfera que llega a alcanzar los 50 mm. de diámetro. Aunque se cree que sólo las hay rojo escarlata, debemos saber que también existen ejemplares naranjas, amarillos, violetas y blancos. Sobre cualquiera de estas tonalidades destacan los largos estambres negros. Dependiendo de los cuidados y la época en que se haya plantado, puede florecer en primavera o en verano.

El fruto de la amapola, con forma de pequeña cápsula, contiene en su interior minúsculas semillas que escapan a través del opérculo (una especie de tapa) para reproducir, sin ayuda, la planta.


Del campo a tu jardín

Si decides cultivar amapolas, basta con que salgas al campo y encuentres algún ejemplar. Busca su fruto, una vez hayas encontrado el lugar idóneo para plantarlas, extrae las semillas y espárcelas por el suelo dejando una separación entre cada una de ellas. No intentes transplantarlas de una maceta al jardín porque no lo aguantarán.

Los cuidados que te exige la amapola no te quitarán mucho tiempo. Basta con que la ubiques en un terreno de sustrato seco y sin grandes cantidades de sustancias orgánicas. Mejor si se trata de un lugar soleado, aunque tampoco hay inconvenientes si es de media sombra.

El riego de las amapolas dependerá de las condiciones climáticas de la zona y la estación del año. Aunque aguantan muy bien los suelos áridos, realiza esta tarea una o dos veces por semana, aproximadamente. En verano, tendrás que hacerlo algún día más.

Via: http://plantas.facilisimo.com

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