jueves, 8 de mayo de 2014

VERÓNICA


Se trata de arbustos de pequeño o mediano porte, muy ramificados y apariencia redondeada. Pertenecen a la familia de las Scrophulariaceae.

Existen alrededor de unas 140 especies integradas en este género, aunque la mayoría de las variedades que se pueden encontrar a la venta pertenecen a híbridos obtenidos de diversas especies de uso ornamental.

Algunas de las especies que conforman el género provienen de Australia, otras muchas son de Nueva Zelanda, Papúa o, las Malvinas.

Su crecimiento no suele presentar problemas y toleran una gran variedad de condiciones de suelos, incluso pueden resistir ambientes próximos al mar ya que toleran cierta salinidad ambiental.

No resulta difícil ver estas plantas en jardines cerca del mar en la cuenca mediterránea. El frío es la principal contrariedad ya que estas plantas no soportan las bajas temperaturas.

Esto hace que se tengan que ubicar en lugares resguardados durante el invierno y mantenerlas a una temperatura aproximada a los 10º C e intentar que no baje de esa marca.

Se utilizan para la formación de setos y como grupos aislados. También admiten el cultivo en macetas para emplazar en terrazas y balcones.

Todos los integrantes del grupo requieren que el sustrato permanezca siempre ligeramente húmedo durante el verano, procurando siempre que el suelo no retenga agua ni se mantenga encharcado, un buen drenaje es fundamental.

El resto del año los riegos deben ser más bien escasos.

Se cultivan a pleno sol en los meses más templados, durante el verano conviene no exponerlas al fuerte sol y situarlas en un emplazamiento de semi-sombra.

El sol riguroso y la sequedad excesiva del sustrato hacen que las plantas se muestren con un mal aspecto y su crecimiento sea anómalo.

Forman matas con un crecimiento compacto, con hojas perennes, opuestas, ovaladas o elípticas de color verde intenso y lustroso.


Las diminutas flores surgen en grandes racimos compactos, dependiendo de la variedad o híbrido pueden ser de color, blanco, violeta, rojo, morado, azul, rosado o púrpura.

Desde que comienzan a aparecer las espigas florales hay que añadirle un fertilizante líquido mezclado en el agua riego cada 15 días.

En general son bastantes resistentes a las plagas de jardín y raramente son atacadas por alguna importancia.

Se pueden multiplicar por división de la mata, desde la primavera hasta el otoño. También es posible realizar la propagación mediante esquejes que enraízan sin problemas.

Asimismo se puede emplear semillas durante la primavera, hay que mantenerlas en un lugar cálido y bajo cristal para que progresen.

Vía: http://plantayflor.blogspot.com.es/
Autor: Carmen Pereira

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