jueves, 14 de mayo de 2015

ANEMONE JAPONICA


Nombre común: Anémona japonesa

El género toma el nombre de anémona del griego ánemos, viento, porque sus frágiles pétalos se agitan de forma grácil por causa de aquél.

El grupo conforma más de un centenar de especies distribuidas en gran parte del mundo y están reunidas en la familia Ranunculaceae.

La Anémona japonesa es originaria de Japón. Origina una generosa floración tardía, presentando flores de aspecto delicado y suave color.

A todo el conjunto de especies hay que sumar el cúmulo de extraordinarios híbridos que van surgiendo.

En el caso de esta planta constituye una masa de flores que se alzan por encima del follaje, haciéndola perfecta para la formación de macizos, donde otras plantas pueden ocultar sus dispares hojas.

Este tipo representa ejemplos de flores simples, dobles, o semi-dobles de excepcional tonalidad rosácea que incluye una bella escala de matices en este color, además de un esplendoroso blanco.

Las flores son grandes, con pétalos ligeramente rizados y una corona centra de color amarillo dorado.


Se trata de una herbácea de cualidad perenne, con tallos delgados, erguidos y nervudos de hasta 1 metro de altura, éstos surgen de pequeños tubérculos subterráneos.

Florece bien en una sombra parcial y aun en la proximidad de grandes árboles siempre que su follaje no sea excesivamente denso que evite la llegada de luz brillante.

Una ubicación semejante a la descrita es perfecta para regiones de clima demasiado caluroso, ya que prefiere una situación fresca.

Lo que cabe de destacar en esta planta es que su floración además de tener un periodo prolongado, sus botones florales comienzan a asomar en una etapa en el que muchas plantas han acabado su actividad concluido el verano.

Esta anémona sigue produciendo flores hasta bien entrado el otoño.

La gusta los suelos fértiles y húmedos, pero evitando siempre la saturación del sustrato, sobro todo en época de floración.

El riego escaso en las plantas que se hallan en pleno crecimiento hace que las hojas y flores se marchiten, pero mantener la tierra permanentemente saturada es igual de nocivo.

Las flores se prestan bien al corte, de modo que con ellas se pueden organizar arreglos florales, tanto para ramos o centros ornamentales.

Una vez pasado la fase de floración hay que cortar los tallos a ras de suelo.

Se puede dividir la mata para su multiplicación, plantando las particiones en macetas como si se tratara de plantas nuevas, o bien servirse de semillas que se deben cubrir con una fina capa de sustrato.

Vía: http://plantayflor.blogspot.com.es/
Autor: Carmen Pereira

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