jueves, 1 de junio de 2017

CAESALPINIA GILLIESII


Nombre común: Aesalpinia - Barba de chivo - Poinciana - Ave del Paraíso

Este arbusto este utiliza en jardines como ejemplar aislado por su apariencia algo desaliñada, pero sus flores son tremendamente singulares.

Ofrecerá un resultado óptimo en jardines de suelo poco fértiles o de riegos escasos.

Es ante todo una planta muy resistente, tanto si se tiene que enfrentar a temperaturas altas a pleno sol, a la falta de agua, o incluso a suelos pobres.

Resulta fácil verla creciendo de manera silvestre sin que se le preste la más mínima atención.

Procede de zonas cálidas de Argentina y otros países sudamericanos. Pertenece a la familia de las Caesalpinioideae (Leguminosae), compuesta por plantas que habitan principalmente en regiones de climas moderados.

Posee un crecimiento notablemente rápido y en sólo una temporada puede adquirir un gran porte; es capaz de lograr más de 2 metros de altura y prácticamente lo mismo de ancho.

Sus abiertas ramas se colman de pequeñas hojas bipinnadas de color verde con un viso azulado. Las flores son de color amarillo pálido y se agrupan en racimos terminales. El aspecto peculiar de la floración lo aportan sus larguísimos filamentos de color rojo.

La floración principal se da en la estación estival, pero puede florecer además en otros periodos, si bien con menor intensidad.

En regiones de clima mediterráneo evoluciona de modo destacado, ya que posee las mejores temperaturas para la Aesalpinia.

El clima favorable o adverso es el que hace que el follaje permanezca o no en la mata, así ante inviernos con helados severas lo perderá en su totalidad y brotará de nuevo en primavera.


Le gusta las ubicaciones soleadas, aunque admite algo de sombra. Acabado su periodo activo se debe realizar una poda profunda, sobre todo si se encuentra en un contenedor, la poda ayuda a que la planta mantenga un aspecto más compacto.

Su resitencia a la sequía es admirable, puede permanecer largos periodos sin recibir nada de agua sin que se resienta. No obstante si la planta recibe riegos regulares mostrará una apariencia más saludable.

Durante los periodos calurosos se la debe regar de manera regular pero sin empapar en exceso el suelo, luego conviene esperar hasta que se nota ligeramente seco para regar de nuevo.

Los aportes de fertilizante deben ser escasos. No le suele perjudicarle ninguna planga o enfermedad importante. Es tóxica para los insectos, debido a la sustancia viscosa de olor fétido que segregan sus glándulas.

Los frutos son una vainas alargadas, estrechas y aplanadas, semejantes a las de los guisantes u otros vegetales que pertenecen a este mismo grupo. Las vainas adquieren un color castaño como consecuencia de su madurez.

Para la propagación se emplea semillas que se deben raspar para debilitar la piel externa, luego se dejan en remojo en agua caliente durante unas doce horas o algo más. Esta tarea se lleva a cabo en primavera.

Vía: http://plantayflor.blogspot.com.es/
Autor: Carmen Pereira

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